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La vida es una guerra en la que todas las armas cuentan para lograr ser felices.
Vaya por delante que espiritualidad y religión son cosas diferentes.
La espiritualidad tiene más que ver con el mundo de la consciencia, (capacidad de compasión por los demás, autocontrol, autoexploración, búsqueda de la trascendencia, matar al ego, hacerse preguntas profundas), en definitiva, convertirse en un ser inquieto y curioso que desea comprender el funcionamiento de las cosas y relacionarse con otros seres humanos para conseguir ser todos felices.
Si de verdad somos seres sociales, debemos serlo en todos los aspectos de nuestra existencia, y no sólo para el mundo digital de las RR.SS (redes sociales, que nos aíslan del contacto físico real con otros seres humanos, y que nos postran delante de la pantalla de nuestro dispositivo electrónico).
Los seres humanos somos sociables por naturaleza y debemos rodearnos físicamente de otros seres que nos equilibren y nos aporten valor.
En caso contrario, nunca podremos ser felices, por muy autosuficientes que creamos que somos. Y además, caeremos en una serie de trampas ocultas difíciles de detectar en uno mismo.
Eso nos covierte en seres egoístas que ven en los demás un instrumento para su propio uso y disfrute. Pero los demás lo notan, y normalmente todos huímos de personas tóxicas que sólo nos quieren para colmar sus satisfacciones personales.
Estos son algunos riesgos que sufren los que pasan por la vida potenciando todo lo material y menospreciando los valores espirituales:
1. Falta de comunicación y aislamiento con la pareja, hijos, compañeros, amistades.
2. Descomposición de las cosas positivas que te aportaban energía positiva (ya no pintas, ya no lees, ya no tocas el piano, ya no esculpes, ya no tomas café con amig@s)
3. Soledad, sensación de abandono.
4. Sensación de vacío existencial, pérdida de propósito, no sabes encontrar el sentido de tu vida.
5. Sensación de que no hay nada sólido, todo muta, cambia a peor. "Que mal está todo".
6. Pérdida de habilidades sociales, comportamiento asocial: miedo a que te hagan daño, desconfianza.7. En ocasiones, ves tu vida como si fuera la de otra persona, disociándote de ti y viéndote como un figurante en una película.
8. Te vuelves egoísta y las personas se dan cuenta que te mueves solamente por tu propio interés.
9. Siempre se tiene prisa, se camina muy rápido, sin apreciar nada del entorno. El trabajo se acumula y no te da tregua para bajar el ritmo. Tu trabajo es tu vida, lo más importante. Y mientras tanto tu familia y la vida pasan sin hacer ruido para no molestarte.
10. Sensación de estrés infinito, licuado, insuperable, asfixiante. Pérdida de salud física y mental.
11. Pérdida de la capacidad de empatía, de ponerse en la piel de los demás, de hacerles preguntas mientras hablan. "El otro día mi perro...", "¡Ah pues yo tengo un gato!".
Una de las cosas más necesarias de la espiritualidad son los espacios de encuentro.
En las bodas, comuniones, bautizos, (y como no, en los entierros), la gente se re-encuentra, y esto que era válido antiguamente, es hoy en día aún más útil debido a que rara vez se puede trabajar en la localidad en la que se nació.
Las distancias aumentan la separación de todo tipo de amistades y de seres queridos.
Si no fuera por estos espacios en los que uno rinde cuentas con lo sagrado, muchos primos no se conocerían físicamente. Nadie se reuniría con nadie. Viviríamos solos, aislados de nuestras raíces y sin posibilidad de cambiar esa situación.
Si uno no se encuentra periódicamente con los suyos, se produce el desarraigo y el sentimiento de soledad. En época de prosperidad, fuera de las iglesias (que cayeron en el desánimo provocado por la mediocridad de los líderes religiosos) las personas comenzaron a reunirse en los restaurantes que ejercieron de improvisados puntos de encuentro.
Pero con la crisis las personas no tienen tanto dinero, ¿Qué les queda?, ¿Si ya no podemos ir a la iglesia porque “suena raro”, ni reunirnos alrededor de una mesa…(quedar en las casas es arriesgado, siempre hay una persona que se carga todo el trabajo).
¿Dónde iremos para hacer vida social?. ¿Dónde llevaremos a nuestros hijos para que se conozcan entre ellos?.
El ritmo de vida actual y el elevado número de divorcios hace que los jóvenes crezcan sin tener ninguna vivencia espiritual verdadera. Sólo pararse un momento a meditar o a pensar en silencio, parece una pérdida de tiempo. Hay que hacer algo. Si no me aburro.
Y para los mayores, los años pasan y los amigos cercanos se convierten en lejanos, los padres en un recuerdo vago y los vecinos en viajeros con los que compartimos fugazmente el ascensor.
Cada vez cuesta más encontrar voluntarios, gente que quiera estar en una junta de gobierno de un club, asociación, gremio, ampa, agrupación teatral, etc “No tengo tiempo”, nos decimos. ¿Para qué, para vivir?. ¿Para relacionarme con otros?
Dejamos la política en manos de los políticos "de carrera", aquellos que son mediocres casi en todo menos en el arte de medrar, en lugar de dejar los puestos de liderazgo a los mejores técnicos reconocidos en sus campos e involucrar a toda la sociedad.
Para no perder el contacto con la realidad y con los demás, podemos hacer miles de cosas, entre ellas:
- Ábrete a nuevas amistades continuamente. Te enriquecerá. Los amigos no duran para siempre.
- Únete a otros, asociaciones de senderismo, clubes deportivos, toma clases de teatro, bailes de salón, tai-chi, lo que sea que te motive. Recuerda: "motivación" es un motivo para pasar a la acción. Encuentra tu motivación en tu interior.
- Conoce otras realidades, áreas de interés diferentes a las cotidianas, ECM, viajes astrales, sueños lúcidos, ... tanta gente no puede estar equivocada.
- Encuentra nuevas fuentes de creatividad, curiosidad y descubrimiento. (Youtube p.ej. descubre lo que te gusta y empápate de ello). Practicar un hobby que te llene como pintar mandalas mientras respiras conscientemente, tallar madera, tocar el piano, hacer bisuteria, aprender punto de cruz, aprender pintar al óleo, etc...
- Potencia el sentido de maravillarte ante el mundo. Viaja, descubre otras culturas que no piensen como tú.
- Ten compasión de los que están peor que nosotros y ayúdales (en la medidad de lo posible y siempre y cuando quieran ser ayudados).
- Realiza contemplación, observar, practicar el análisis del mundo tal y como es, (no creerse todo lo que te dicen en los medios de comunicación sin comprobarlo).
Meditación: en casa, en un lago o mirando por la ventanilla de un avión. Ayúdate de música sacra, de cantos de ballenas, de mantras tibetanos, lo que te apetezca.
- Practicar el silencio, la paz interior, la introspección y la atención en el presente. Sin moverte. Apaga todo lo que tenga batería o esté conectado a la corriente. Cuando estés con alguien, concéntrate en él/ella. Vive el presente.
- Procura no juzgar a los demás, eso es lo más difícil del mundo y es una trampa del ego.
- Trabaja la imaginación: para crear tu propia realidad, anteriormente es imprescindible haberla imaginado. Dedica un tiempo diario a imaginar como quieres que sea tu vida. Imagínate que YA estás viviendo la vida que deseas, 5 minutos al día.
- Recuperar las plegarias correspondientes a tu religión, rezar, te ayudará a experimentar una transformación interior y aquietará tu mente.
- Conocer doctrinas basadas en la espiritualidad, (además de en la religión), como el ho' oponopono, el "pensamiento positivo", el "Mindfullness", o el "creer es crear".
- Eleva tu "nivel vibracional". Ya dijo Tesla que todo era frecuencia y vibración. Tu vibras a una determinada frecuencia. Si haces cosas que eleven tu nivel vibratorio (meditar, nadar, leer, escuchar música, caminar en un bosque, amar,...) todo tu entorno cambiará a mejor.
Y después de todo esto, juzga por ti mismo, continúa con tu religión (tanto las que creen en un Ser Superior, o las que creen que tú mismo llevas en tu interior la semilla de la divinidad), pero ahora desde una óptica integradora.
CONCLUSIÓN
Todas las tradiciones buscan más o menos lo mismo: la Trascendencia y la búsqueda de la Paz Interior y están integradas por personas como tú y como yo, que sólo desean lo mejor para ellas y para sus hijos. Por lo tanto, la TOLERANCIA con todas ellas es fundamental para avanzar en la propia espiritualidad.
Todas las religiones son colores diferentes provenientes de una misma LUZ blanca (descomposición de la luz en el espectro electromagnético visible).
O sea sigue siendo agnóstico o creyente, pero por lo menos si practicas lo propuesto podrás volver a creer en tus semejantes y lo que es más importante, volverás a creer en tí mism@.
Fuentes:
José Luis Cardero – “De lo numinoso a lo sagrado y lo religioso”
Francisco Torralba - Vida espiritual en la sociedad digital
Luis Boleda es el coordinador espiritual de FELITIA GLOBAL COACHING®, instructor en Mindfulness y autor del libro "La Wifi de Dios"
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